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Cumple tu propósito

¿No te parece alarmante la estadística que de cada 100 personas solo 5 tiene una visión para su vida, mientras las 95 restantes caminan sin determinación y sin dirección?  Estas van donde los lleve la corriente, a lo que vaya llegando a su vida, por lo que no encuentran su realización personal. Es triste pero real que dondequiera que vayas encuentras personas que no tienen claro hacia dónde van ni lo que quieren lograr de su existencia.  Saben que viven, pero no saben por qué, o para qué. Nacen, viven, mueren, sin pena ni gloria. Jamás descubrieron el por qué de su existir. Muchos preguntan por qué alguien muere, pero rara vez se preguntan por qué nació.  Yo creo firmemente que a este mundo nadie viene sin que Dios lo haya dispuesto así, absolutamente ¡nadie!, y todos tenemos una intención, un objetivo que cumplir, tenemos una razón por la cual Dios nos regaló la vida.   Solo que la mayoría de las criaturas no se detienen a considerar y analizar el sentid...

Fe viva.La lucha del águila.

Aunque lleguen días malos y sobre nosotros se abata la tempestad, nuestra fe no menguará , porque sabemos que mas allá de la violencia del huracán está la serenidad, que mas allá de las sombras está la luz, y que después de la tormenta llegará la calma. Después de la lucha vendrá la victoria y la paz. Será la nuestra una fe viviente . Hay unos párrafos inspiradores que dicen: "Con frecuencia, el águila que se esfuerza por llegar a su nido es arrojada por la tempestad a los estrechos desfiladeros de las montañas. Las nubes, en masas oscuras, airadas, se interponen entre ella y las asoleadas alturas donde ha fijado su nido. Por un momento parece aturdida, y se precipita de aquí para allá batiendo sus fuertes alas como si quisiese hacer retroceder las densas nubes. con su grito salvaje, en sus vanos esfuerzos por encontrar la salida de la prisión, despierta las palomas de las montañas. Por fin se lanza hacia arriba para atravesar la oscuridad, y da un chillido agudo de...

COMO SE SIENTE DIOS

Yo se los pensamientos que tengo acerca de ustedes, dice el Eterno, pensamientos de paz y no de mal, para darles el fin que esperan” (Jer 29:11). Ayer tuve que hacer algo que detesto: llevar a mi perro Travieso al veterinario. Primero le extrajeron sangre de una vena del pescuezo, mientras yo lo sujetaba. Me miró con sus ojos perrunos en mudo reproche por haber permitido que le hicieran eso. Cuando estaba por bajarlo de la mesa de exámenes, el veterinario me dijo que según el registro de mi perro, el mes entrante tenía que recibir su vacuna anual. Sugirió dársela en ese momento para ahorrarme un nuevo viaje. Después de la vacuna, tome a Travieso y fui a pagar la cuenta. Mientras hacia el pago, el veterinario asomó la cabeza y me preguntó si sabia que ese verano mi perro tenia que recibir una vacuna antirrábica. Lo llevé de nuevo a la mesa de exámenes. Cuando finalmente metí a Travieso en el auto para llevarlo a casa, se arrinconó en el lado opuesto del asiento delant...

LLevándose bien con los padres

Llevarse bien con tus padres no siempre es fácil, en muchas ocasiones es todo un reto que parece imposible de lograr. Ya sea que no les agrada tu forma de vestir o de peinarte, o no les gustan tus amigos, o te imponen una hora de llegada a casa, pareciera que nunca estarán satisfechos con lo que hagas y que están empeñados en “amargarte” la vida. Seguramente en algún momento de tu joven vida has tenido pensamientos tales como “es que no me entiende”, “no me dejan hacer nada”, “por todo se enojan”, “nunca tienen tiempo”. Estas frases y muchas más han reflejado el sentir de muchos adolescentes y jóvenes desde siempre, pero pareciera ser que hoy más que nunca la relación entre padres e hijos es más distante, mas fría, más difícil. Una de las razones que tienes que entender acerca de la conducta de tus padres es que no se han dado cuenta o se niegan a percatarse de que ya no eres “su niño o niña”, de que has cambiado, de que ahora prefieres la compañía de tus amigos, de que estas c...

Disciplina en un mundo indisciplinado

Cuando yo era niño, mi madre mantenía una disciplina seria y constante. Es posible que algunos la descalificarían hoy, si supieran todo lo que hizo por mantener la rectitud y la espiritualidad en sus nueve hijos. Cuando alguno de nosotros decía alguna mala palabra, nos decía que era necesario limpiar nuestra vida y limpiar nuestra boca. Oraba con nosotros y luego procedía a lavarnos la boca con jabón (era uno de color amarillo, para la ropa, que sabía a rayos). Hoy, después de varias décadas, no puedo pronunciar ninguna de esas palabras, por las cuales mi madre me disciplinó. Ella falleció en 1987. Hoy, rindo tributo a su memoria y exalto sus valores espirituales, morales, físicos y mentales. Hoy, los nueve seguimos luchando por mantenernos fieles a la bienaventurada esperanza del retorno de nuestro Señor Jesucristo. Vivimos en un mundo cada vez más difícil. Una sociedad corrompida en todas sus estructuras y niveles. Se ensalzan la mentira, la falsedad, el orgullo, la v...

El secreto

A lo largo de mi vida (que no es mucho) me he topado con personas que al conocerlas he descubierto una misma variable, la falta de fe, y es que en la mayoría de los problemas de las personas, parece que ellas mismas son quienes hacen de ese problema mas grande de lo que realmente es y lo convierten en un verdadero gigante al cual difícilmente pueden enfrentarse para derribarlo. En el libro “Dímelo de frente” de Fernando Zabala, me encontré una historia que hace referencia a esto, llamada “un millón de sapos”, donde un granjero que vivía junto a un pozo no podía dormir en las noches debido a que de ese pozo emanaba un molesto ruido como de un millón de sapos, pero al final descubrió que solo eran dos pequeños sapitos que apenas cabían en la palma de una mano. ¿No será que en nuestras vidas pasa lo mismo? ¿Que nuestros problemas los hacemos mas grandes como este granjero, que donde solo hay dos sapos nosotros escuchamos un millón? Sin embargo, no tenemos porque darle má...

Las despedidas

Todavía recuerdo la escena en mi mente:  Ahí estaban mi mama y mi hermana, listas para tomar el autobús de regreso a casa.  Habían venido a pasar dos semanas conmigo y con mi esposo en la época de Navidad y era el momento de despedirnos.  Yo había escrito una tarjeta para cada una donde les decía cuánto las amaba y cuánto me dolía que se marcharan; incluso se los había dicho en persona.  No me gustaba tener que dejarlas, yo no quería que se fueran.  Pero ellas tienen su vida en su hogar, en su tierra; y yo también, aunque lejos de ellas, al lado de mi esposo. Me dolió mucho separarme de sus brazos y verlas marcharse.  Cuando subieron al autobús quería yo también subirme e irme con ellas, pero en ese caso tendría que haberme despedido de mi esposo, también con dolor.  Se fueron.  Yo me quedé sufriendo, como se quedan todos aquellos que ven partir a sus seres queridos. Un abrazo fuerte, tal vez un beso, quizá unos ojos llorosos, pe...