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¡SOY UN ADICTO!


Mucho se ha hablado y escrito ya acerca del tema de las adicciones. Numerosos esfuerzos se han hecho para prevenirlas, evitarlas, combatirlas, tratarlas y curarlas. Pero hasta ahora, dichos esfuerzos de la sociedad, escuelas, instituciones, religiones y gobiernos parecen ser insuficientes e infructuosos.
Hoy en día hay un sinfín de cosas a las que puedes volverte adicto, como los videojuegos, las redes sociales, navegar en Internet, la televisión, el sexo, la masturbación, la pornografía, el cigarro, el alcohol, las drogas, los medicamentos por prescripción, y muchos más.

¿Cómo reconocer que se tiene una adicción? Para empezar, tenemos que definir a la adicción como la dependencia o necesidad hacia alguna sustancia, cosa, acto o situación, causada por la satisfacción que produce en la persona.

Una de las señales más evidentes de que se es adicto a algo, es la imposibilidad de reprimirse ante lo adictivo, en muchas ocasiones, sabiendo que se trata de algo nocivo para la salud física, mental, emocional y espiritual. La adicción produce una sensación de placer, que cuando no se tiene, provoca malestar; este malestar inicialmente es de tipo anímico, y posteriormente, dependiendo del tipo de adicción,  se va convirtiendo en físico. Es por esto que se recurre al objeto de la adicción con mayor frecuencia, creándose así un círculo vicioso.

Estas son algunas de las realidades acerca de las adicciones:
Las adicciones se presentan de manera casi imperceptible, cuando se establecen hábitos aparentemente inofensivos y controlables.  Empiezan con una insignificancia, pero luego cobran mas fuerza porque se va incrementando la intensidad del deseo, y desde luego, la dificultad para controlarlo. Nadie es inmune. ¡Nunca subestimes el poder de una adicción!

Las cuestiones importantes (estudio, trabajo, familia, espiritualidad, etc.) pasan a un segundo plano dándole prioridad a lo adictivo.

Las adicciones no solo afectan a la persona que las padece. La realidad es que afectan a cada individuo que rodea a la persona en cuestión: padres, hermanos, novio (a), esposo (a),  amigos, comunidad.

El adicto utiliza frases como: “Puedo dejarlo cuando  yo quiera”. “Es mi vida”. “Con una vez que lo haga no va a pasarme nada”. ” No estoy dañando a nadie.” “Todo el mundo lo hace”.


Las adicciones, aun las más “inofensivas”, suelen cobrar un precio muy elevado en cuanto a tiempo, dinero, neuronas, metas, felicidad, relación con Dios y con los demás.

 Uno de los mayores dones que Dios te ha dado, aparte de la vida misma, es el de poder elegir. Pero cuando te vuelves adicto a algo, renuncias  a tu libertad. Te vuelves esclavo, y tu adicción, el amo. Sin embargo, Dios tiene el poder necesario para ayudarte si te encuentras al borde de cualquier adicción, o ya inmerso en ella. Por muy difícil que parezca superarla, aun después de todos tus esfuerzos por dejarla, sin importar el tiempo que has pasado hundido en ella, Dios quiere y puede librarte de ella. Recurre a El en oración constante y estudia su Palabra. ¡Pide su ayuda todopoderosa y entonces lograrás la victoria!

Nunca olvides que tu cuerpo es “templo del Espíritu Santo”. Por lo tanto, si estás pasando por depresión, enojo, temor,  inseguridad o sientes un vacio en tu vida, no lo llenes con un vicio o un mal hábito, sino con algo más duradero y satisfactorio. El apóstol Pablo aconseja: “Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Col 3:2.

Así como puedes hacerte adicto a sustancias o prácticas dañinas, también puedes  elegir actividades positivas que te den bienestar sin causarte prejuicios.

Algunas de ellas son :
·         Involucrarte en las actividades de la iglesia, sociedad de jóvenes, clubes, etc.
·         Practicar deportes, hacer ejercicio.  
·         Aprender a tocar algún instrumento musical.
·         Practicar la lectura de buenos libros.
·         Adoptar un hobbie. (Fotografía, cocina, astronomía, etc.)
·         Realizar actos de servicio desinteresado.
·         Pasar más tiempo con la familia, con buenos amigos, buscar empleo, adopta una mascota, cantar, escribir, aprender otro idioma, etc.


Sin embargo, para todas estas actividades, para todo proyecto que emprendas, para toda meta que te fijes, recuerda el sabio consejo del apóstol Pablo en 1ª Corintios 10:31: “Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.”
















Autor: J.P Gutierrez


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